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¿Frío o calor ante mi lesión?

Fisioterapia. Publicado el 29-05-2013

El uso de frío y calor sobre áreas lesionadas producen una serie de efectos que podemos utilizar con el fin mejorar nuestro estado. Posiblemente sea la terapia médica más antigua aplicada, de forma intuitiva, por nuestros antepasados más remotos . Pero lógicamente no son lo mismo la Termoterapia que la Crioterapia.

Aunque ambas terapias se utilizan dentro de la Fisioterapia hay que atender a los efectos que producen para su correcto manejo.

Efectos de la Crioterapia.

El frío es analgésico por excelencia. Esto significa que aplicado durante 5 a 10 minutos (y no más) sobre la zona de dolor contribuye a disminuir las molestias sentidas. Pero ¿por qué ocurre esto?

Produce una vasoconstricción, eso significa que cierra los pequeños capilares llamados arteriolas de la zona aplicada. Genera anestesia sobre las terminaciones nerviosas, por lo que disminuye el dolor en las lesiones agudas. Es importante aplicar el frío justo después de un traumatismo. Un golpe provoca rotura de capilares internos y la salida de material sanguíneo al espacio intersticial, lo que aumenta la presión y produce dolor al estimularse los receptores dolorosos. En definitiva, si cerramos estos capilares reducimos el hematoma interno.

Disminuye el metabolismo, siendo ideal en estados inflamatorios agudos como esguinces o tendinitis. Aunque la inflamación es un proceso fisiológico hay que controlarlo para reducir el dolor en la zona.

Puede excitar o relajar el sistema nervioso, dependiendo del tiempo de aplicación. Por eso es importante a veces en el tratamiento de determinadas afectaciones neurológicas en las que sea necesario estimular o producir sedación de la zona lesionada.

Podemos aplicar frío con bolsas de geles frío, sprays, masajes con hielo, ...Ojo con posibles mal usos de la terapia. Los efectos adversos más importantes vienen motivados por el factor tiempo de aplicación. Es decir, si aplicamos directamente frío sin protección alguna podemos provocar una vasodilatación (fomentando el aumento de inflamación y dolor) o una quemadura por frío.


Termoterapia o aplicación de calor

Podemos aplicar calor para relajar zonas musculares propensas a la tensión o para descontracturar músculos que se sienten retraídos. El resultante es una disminución del dolor y una mayor sensación de comodidad.
El principal efecto que buscamos es la vasodilatación, es decir, abrir los capilares pequeños de la zona y aporta sangre a los tejidos en lesión. Esto produce la mejoría de la nutrición celular, un aumento de la reabsorción de productos patógenos, y una acción bactericida, antinflamatoria y analgésica. Es decir, aumenta el poder y rapidez de autocuración.

Así mismo, el calor aplicado va a producir que el PH sanguíneo se alcalinice, disminuyendo la coagulación sanguínea, la glucemia y la viscosidad de la sangre lo que aumenta el volumen linfático de los tejidos.

Quizás el efecto más importante del tratamiento con calor es su influencia en las fibras de colágeno (tejido conectivo). Los tendones están compuestos por un 90% de fibras de colágeno y un 10% de fibras elásticas. El calor aumenta la elasticidad y plasticidad, de forma que, tras su aplicación, las fibras de colágeno se hacen más extensibles y más capaces para los ejercicios de rehabilitación. El calor también reduce la rigidez articular y mejora el espasmo muscular, con lo que se reduce el riesgo de lesión.

Hay que tener en cuenta que a los veinte minutos se alcanza el efecto máximo, no variando si se mantiene por más tiempo. Y sobre todo que es un medio terapéutico contraindicado en inflamaciones y procesos agudos.
Podemos aplicar calor mediante aparataje destinado a ello como un ultrasonido, infrarrojos, onda corta … o a nivel doméstico con saquitos térmicos o manta eléctrica por ejemplo.

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